| Hoy
por hoy, el Valencia se debate entre la fastuosa venta de David Villa (su cotización
se ha disparado ya a los 45-50 millones de euros), y el deseo silencioso del entrenador
Unai Emery de poder seguir contando con él para su nuevo proyecto deportivo
en Mestalla. Villa
vive en la burbuja de Austria aislado, aunque no sé si podrá, de
los rumores que apuntan su adiós del Valencia al término de la Eurocopa.
Cada gol que marca con España le aleja un poquito más de Mestalla
y, por contra, le aumenta su cotización como la espuma. Emery
asume a regañadientes su marcha, pero jamás saldrá nada malo
de su boca. Sabe que también en el fútbol existe la ley de la oferta
y la demanda y que Villa, en estos momentos, es el delantero más cotizado
del Viejo Continente. Por ese motivo, sólo puede esperar acontecimientos
y confiar en que las ofertas que lleguen al club no sean apetecibles para nadie. Sin
embargo, todo hace pensar que el móvil de su agente, José Luis Tamargo,
se quedará sin batería por las numerosas llamadas que estará
recibiendo, preguntando por la situación del asturiano. Y que alguna será
irrechazable para todos los implicados. |