Estaba
en juego el tercer puesto. La victoria del Real Madrid y el tropezón del
Villarreal en El Madrigal se notaba en el ambiente. Lucha por la tercera plaza
e incluso para los blanquinegros la segunda, Pero por momentos los de Unai parecían
decir que en estas circunstancias, un empate en campo de un rival directo es mucho
más que un punto... Y al final lo fue. Anoche
se esperaba más de la primera batalla de la guerra de los aspirantes. En
ciclismo se diría que han empezado las etapas de alta montaña. Se
acabó el terreno llano para los esprints masivos o para los lucimientos
en largas y generalmente inútiles escapadas. Es el todos contra todos.
El momento en que quienes quieren seguir ahí, en la cabeza, han de acertar
a combinar los desarrollos. A ajustarse bien los calapiés y saber elegir
el piñón más adecuado para cada momento. La Liga ha entrado
en un segmento de repetidos choques que desde ahora hasta las vacaciones de Navidad
marcarán el devenir el campeonato. El
Sevilla se olvidaba del calendario. De que tras este encuentro ha de enfrentarse
consecutivamente al Barça, Real Madrid y Villarreal. Ahí es nada.
Por eso, quizá, no podía permitir el primer tropiezo y Manolo Jiménez
echó el resto con un equipo de máximo talante ofensivo. La prueba
es que Renan tuvo más trabajo que en otras oportunidades y además
se lució. En
el Sánchez Pizjuán el Valencia hizo lo que mejor sabe hacer. Aguantar
atrás y buscar el contragolpe, con rápidas internadas de Joaquín,
por la derecha, y Mata, en la zona opuesta, con David Villa como referencia. Mucho
toca-toca en el centro del campo para intentar abrir huecos y de esta forma tratar
de sorprender a Andrés Palop. El
equipo andaluz impone mucho respeto. Sus jugadores tiene mucha movilidad y un
ataque que estremece, cuando Kanouté y Luis Fabiano encuentran el respaldo
de Navas y Adriano. ¡Qué peligro! Y mientras los Guardianes del Nervión,
el sector más ultra del recinto, sin descanso animando a su equipo. A
medida que iban transcurriendo los minutos el dominio local fue creciendo. De
repetente parecía que se estaba jugando en una sola parcela. La del Valencia,
que se defendía con uñas y dientes en busca del contragolpe decisivo
para sentenciar y llevarse una victoria que reafirmara su moral. A
quince minutos del final el obligado cambio de Moretti, que reclamó la
sustitución por problemas físicos, no significó mayor problema
que el desplazamiento de Alexis al lateral zurdo, la posición de Marchena
como pareja de Albiol, y la inclusión del holandés Maduro por delante
de ellos, con Edu y Baraja a ambos lados. En
el tramo final, cuando el Sevilla se estiró más aún, los
de Unai sacaron fuerzas de donde no les quedaban para inquietar a un seguro Palop.
Tres o cuatro oportunidades consecutivas pusieron más emoción. Pero
mi amigo el taxista sevillano no habría disfrutado. Se habría quedado
pensativo. ¿El fútbol no son goles? Pues a veces la estrategia es
no encajarlos. |