Mestalla dio otra lección de entrega, mientras que la afición maña
tradujo su frustración en gritos de no vendrá el agua.
Mientras tanto, en Riazor los jugadores del Levante se plantaron al inicio del
partido para exigir que el club les pague. Uno de seis. Con un puntito más,
el Valencia habrá asegurado la permanencia en Primera. Tal vez ni haga
falta. Pero hay que tratar de sumar todos y llevar una sonrisa al rostro de una
afición que acabará de los nervios tras una temporada esperpéntica.
Anoche, durante trece minutos, los de Voro estuvieron a salvo de todo mal. El
empate del Valladolid impidió que la celebración fuera completa.
Es igual. Cayó el Zaragoza y está prácticamente hecho. Eso
sí, hubo que sufrir de lo lindo, más de la cuenta, por culpa de
unos jugadores que se desenvolvieron peor tras ponerse por delante en el marcador.
Fue un sufrimiento innecesario, que nunca se debió dar, como tampoco la
victoria debió ser tan pírrica. Con un mínimo de acierto,
más tranquilidad y menos precipitación, en la primera mitad el partido
debió quedar visto para sentencia. La presión y lo que hubo en juego
se dejó notar en los locales. Y
fue una pena. Ya de entrada se adivinaba un Zaragoza blandito, que iba a pagar
muy caras las ausencias de Celades y Zapater, más perjudiciales que la
del central Sergio Fernández. El medio campo visitante, con Óscar,
Gabi, Luccin y Juanfran, no se aventuraba con la energía suficiente como
para poner en apuros a un Valencia superior. Y así sucedió. Baraja
se plantó, tomó la batuta, destapó el tarro e hizo jugar
a los suyos. En el primer cuarto de hora, Silva y Villa en dos ocasiones pudieron
marcar. Transcurridos los minutos de cortesía, Baraja, cómo no,
amagó en su avance hacia la meta aragonesa, engañó a todos
y sirvió medio gol a Silva. Espectacular la acción. A
partir de ahí, se repitió la historia relatada anteriormente. Una
oportunidad tras otra para los de Voro. Silva pudo repetir tras jugadón
de Joaquín haciendo lo que mejor sabe: llegar a la línea de fondo
y centrar; el canario remató con la cabeza, que no es su fuerte. La tranquilidad
estuvo en los pies de Villa. Minuto 31, galopada del asturiano y su remate se
fue a estrellar en la base del poste derecho de César. Una pena. El
descanso apuntó las mejores sensaciones. El Valencia, bien plantado, sabía
lo que quería y cómo hacerlo. Sólo faltó puntería.
Sin embargo, los locales no acertaron a la hora de encarar el segundo acto. Se
obsesionaron con mantener como mínimo la ventaja que tenían en el
marcador y la presión de sumar tan necesarios tres puntos fue minando la
inspiración, la confianza y hasta el valor para atacar la portería
de un Zaragoza que, con los cambios se tornó en dominador y en un equipo
tremendamente ofensivo. Tanto como mojada tuvo la pólvora para felicidad
de un Valencia excesivamente metido atrás. Villanova
pasó a un 4-3-3, con Gabi, Matuzalem y Aimar en la medular y por delante
de estos Sergio García, Milito y Oliveira. Por fortuna, los visitantes
llegaron casi siempre a base de colgar el balón sobre el área valencianista,
lo que facilitó la tarea defensiva de estos. Tan solo un remate con la
cabeza de Ayala y una falta lanzada por Gabi metieron el susto en el cuerpo a
los aficionados que hicieron reventar Mestalla. A
todo esto, el Valencia había perdido a un Vicente inspirado, al filo del
descanso. La dura entrada de Diogo le mandó lesionado al vestuario, sin
que se penalizara ni siquiera la infracción. Para que nada faltase, a cinco
minutos para el final Silva fue expulsado. Vio la cartulina amarilla en una falta
que no fue tal y con sus quejas se ganó la roja. No estará frente
al Levante. Estas dos acciones fueron los únicos errores de bulto del árbitro
internacional Medina Cantalejo, que lució su condición y experiencia
con gran personalidad en un partido que no era fácil. Hubo
que sufrir hasta el final, porque Villa, negado anoche ante el gol, tampoco acertó
en el minuto 82. Con el Zaragoza volcado y Mestalla convertido en un manojo de
nervios, apareció David Albelda. Junto al triunfo, fue la otra alegría
de la noche, salvo para los inoportunos que le silbaron. Fue bonito volver a verlo
sobre el césped. En casa. Recuperado para la causa. Tan bonito como cuando
tras el pitido final sus compañeros se fueron a buscarlo y le abrazaron.
Ganó el Valencia y el objetivo está muy cerca. Es con lo que hay
que quedarse. |