El
Valencia ganó el partido cuando nadie lo
esperaba, puesto que buena parte del público
ya se había marchado en el momento en el
que llegó el gol de Silva. Los que se quedaron
se dedicaron, tras el tanto, a gritar !Quique vete
ya! y abroncar con fuerza al equipo en el momento
en el que terminó el partido.
Hasta ese gol definitivo, el partido, más
que discreto en términos generales, estaba
muy igualado entre un Valencia frágil y sin
ideas, aunque afortunado, y un Valladolid, ordenado
y compacto, que desaprovechó una buena oportunidad
para ganar en Mestalla.
Ni
la entrada de Silva y Villa en el segundo tiempo
encendieron la luz de un Valencia triste y con
muchas dudas ante el Valladolid, que no padeció
en exceso a lo largo de todo el encuentro, hasta
el punto de disponer de algunas ocasiones para
sumar los tres puntos, aunque, al final, la mala
suerte, le supuso una derrota que no mereció.
Los
dos primeros goles fueron consecuencia de sendos
errores de los porteros, lo que permitió
que se moviera el marcador en un partido sin apenas
opciones de gol y que necesitó de estos
fallos y del rebote de la última jugada
para que el tanteador se moviera.
Cuando
llegó el gol de Kome, como consecuencia
de un fallo garrafal de Cañizares, el Valladolid
ya había demostrado cuales iban a ser sus
armas en este encuentro: mucha presión
y una gran concentración, con la una única
limitación importante en el juego aéreo,
en el que los valencianistas casi siempre fueron
superiores.
Sin
mejorar en su fútbol, el Valencia consiguió
empatar a mitad del primer periodo, para lo que
también fue necesario un nuevo error defensivo,
en esta ocasión de Butelle, el portero
cedido por el club de Mestalla al castellano,
que no atrapó un disparo inocente de Arizmendi,
lo que permitió que Morientes igualara
el partido.
A
partir de ese momento, el juego se trabó
mucho, el equipo local no fue capaz de convertir
su tanto en un revulsivo y la falta de ideas del
Valencia marcó el ritmo del partido hasta
el descanso.
El
Valladolid mantuvo la intensidad del principio
hasta el descanso, pero su propuesta ofensiva
no estuvo a la altura de la de los primeros minutos
y en el tramo final del primer periodo tuvo que
estar concentrado en defender las acciones a balón
parado de su rival, lo que limitó su capacidad
para volverse a aproximar a la portería
de Cañizares, que tras su estrepitoso fallo
apenas tuvo que volver a intervenir.
Poco
cambiaron los argumentos del encuentro en el segundo
periodo, al menos hasta que entró Silva
en el lugar de Manuel Fernandes, que se había
diluido en la zona izquierda de la medular valencianista,
lo que dio un poco más de profundidad a
su equipo.
El
efecto de su entrada y de la de Villa poco después
ya había desaparecido cuando en el minuto
69, Cañizares enmendó su error con
una parada espectacular tras un remate de Llorente,
en la primera aproximación pucelana tras
el descanso a la portería local.
Con
todo ello, el encuentro llegó a su tramo
final sin más interés que la igualdad
en el marcador y la posibilidad de que la victoria
se decantara a favor de cualquier equipo en un
momento del encuentro en el que al Valencia le
faltaba imaginación y al Valladolid le
valía cada vez más la igualada.
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