| Con
una defensa más lenta que el caballo del malo poco se puede hacer si enfrente
hay un enemigo que sabe jugar y pone más ganas. El 3-0, aparte de tres
remates a los postes, lo dice casi todo. Que el resultado es corto. La afición
de El Madrigal acabó coreando con olés el juego de su equipo y los
más guasones canturrearon eso de "¡Koeman quédate, Koeman
quédate!" Robert
Pires estuvo espectacular. Se habían cumplido cinco minutos cuando el francés
hizo la jugada del partido. Con la presencia de Cani, se desenvolvió a
pie cambiado. En la izquierda. Un quiebro rápido, luego le dijo a Arizmendi
que le convendría jugar con sotana, y tras el túnel y una combinación
con Nihat, se recreó para meter el balón cruzado, con la derecha,
donde más podía dolerle a Hildebrand. Donde el alemán no
iba a llegar nunca ¡Qué golazo! El Madrigal fue una eclosión
de júbilo. La
defensa del Valencia se había convertido en un coladero. Muy mal. Albiol
y Caneira, como centrales, hablaban distinto idioma, y Arizmendi sufría
en la lateral derecho. Ese desaguisado se notó sobremanera por las repetidas
discusiones que varias veces entablaron entre sí, recriminándose
en las jugadas. Mientras,
los de Manuel Pellegrini buscaron una y otra vez desbordar por esa demarcación,
con repetidas combinaciones de Pires, Nihat y Rossi. Y lo hicieron con facilidad.
Numerosas llegadas, dando sensación de superioridad pero, sobre todo, de
tener las ideas bastante más claras que el rival. Al
Valencia había llegado a El Madrigal con mentalidad de vendetta por el
0-3 de la jornada inicial, y no. No le dio ni tiempo a desperezarse. Fue salir
al campo y recibir el uppercut de derecha que le dejó tocado. Demasiadas
facilidades a un Villarreal que dominó el centro con Marcos Senna y Bruno,
y dijo que esa noche quería dormir en puestos de Champions League. Tras
unos momentos de tambaleo, Rubén Baraja trató de convertirse en
motor, pero le costó encontrar a Joaquín y a Vicente en las bandas,
y menos hilvanar con Silva para llegar a la posición de un David Villa
sin opciones en punta, porque los Cygan, Godin y compañía no dejaban
espacios. Antes
de la media hora, Nihat, al ejecutar un libre directo por zancadilla de Marchena
sobre Pires, puso el balón en el palo, con Hildebrand más estático
que Don Tancredo. Y para acabar con lo que dio de sí el primer tiempo,
un clarísima ocasión desperdiciada por Nihat, que a puerta vacía
lanzó al poste, todo ello antes de dos lucimientos de los porteros. Primero
de Diego López a remate de Rubén Baraja desde la distancia y, acto
seguido, de Hildebrand, a disparo del turco, desde más lejos todavía. En
la segunda parte todo siguió igual. Un buen Villarreal y un Valencia que
echaba la mirada al electrónico, deseando que pasaran los minutos cuanto
antes para regresar a casa, porque los goles iban cayendo uno tras otro y por
momento se temía el máximo ridículo. Al
Valencia se le atragantó el derbi. Como si el sorbito del otro día
ante el Betis se le hubiera subido a la cabeza. Mal. Muy mal. Rematadamente mal.
Ni con el 2.02 del serbio Nikola Zigic como recurso, el equipo de Koeman inquietó
a Diego López, que vuelve a ser un firme aspirante a la clasificación
para la Champions. |