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El
equipo maño acumulaba seis jornadas
consecutivas de Liga sin ganar. La Romareda
se convertía, pues, en el escenario
más propicio para la remontada. Para
alejar fantasmas. Para dejar en el olvido
los errores recientes y sobre todo, para
taponar la crisis que han supuesto las traumáticas
destituciones de futbolistas como Cañizares,
Albelda y Angulo.
El
Valencia llegaba a Zaragoza obligado a dar
la talla después de romper en la
Copa, ante en un Segunda B, la sequía
de seis partidos consecutivos sin marcar
un solo gol. Logró dos, un empate
a modo de bálsamo, pero siempre fue
a remolque.
El
equipo de Koeman se volvió a Valencia
con un puntito que apenas dice nada. Aunque
ha roto la sequía de goles, la situación
es para echarse a temblar. Ya son siete
encuentros consecutivos sin ganar... Y ayer
empató con más fortuna que
otra cosa ¡Como para ponerse a brindar
por el año nuevo con La Veuve, Moet
o Roederer! Un verdadero desastre. Gaseosa
desventada...
Y
eso que, apremiado por los resultados, el
Zaragoza comenzó como un flan. Trémulo
en sus movimientos y, por lo tanto, impreciso,
era una circunstancia que le convenía
a los de Koeman que, aunque también
acuciados por los reiterados marcadores
adversos, iniciaron el juego con mayor tranquilidad
y, por ende, más entonados, con mayor
prestancia sobre el tapete de La Romareda.
Pero
esa visión varió en un santiamén.
Lo que tardan en transcurrir dos minutos.
Después de que Arizmendi reclamara
un penalti por mano de Ayala, cuando se
cumplía el cuarto de hora, y de que
instantes después el árbitro
Paradas Romero no dudara en señalar
el máximo castigo cuando Oliveira
cayó ante Mora.
Diego
Milito hizo el gol que dio alas a los maños,
y antes de llegar al descanso volvieron
a llevar el balón a la red, en este
caso por medio del ex levantinista Sergio
García, que desde la izquierda realizó
un centro muy cerrado que, con la colaboración
de Mora, acabó en la red.
En
la segunda parte la superioridad de los
zaragocistas fue total, aunque en dos contras
llegaron los tantos de Zigic y Silva, que
dejó la impronta de su clase con
una genialidad que evitó una nueva
derrota y que permite sumar un punto como
mal menor. Y lo que es el fútbol,
en los minutos finales los de Mestalla rozaron
la campanada. El Zaragoza, mejor dispuesto,
casi terminó pidiendo la hora. Ver
para creer.
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