|
Apenas
habían transcurrido doce minutos.
Eto'o hizo un amago, un quiebro, otro más,
y sin que a Helguera y a Marchena les diera
tiempo a levantarse del césped, el
camerunés metió un trallazo
impresionante. Cañizares sólo
pudo seguir la trayectoria del balón
con la mirada. Apretó los dientes,
miró al cielo, se acercó a
la red para recoger la pelota y mientras
los barcelonistas celebraban la ventaja,
aprovechó para secarse el sudor con
la toalla roja que utiliza.
Precisamente
el gol llegó cuando el Valencia había
empezado a sacudirse el miedo escénico.
El Barcelona había arrancado con
una marcha más. Bueno, con una o
dos más, porque tuvo un inicio arrollador.
El equipo azulgrana llegaba como quería
y Eto'o ya había avisado de que atesoraba
ganas de reivindicar los goles que echaba
de menos en la Liga.
El
apoyo de los incondicionales del Valencia
se mantuvo hasta poco antes de la media
hora, cuando el camerunés volvió
a enviar el balón a la red, de nuevo
con Cañizares de nuevo como espectador.
Entonces empezaron a escucharse algunos
silbidos. El remate en esta ocasión
había sido raso, pero otra vez tras
una jugada de Leo Messi, porque el primero
también estuvo precedido de una destacada
acción del argentino.
Los
más radicales de Mestalla empezaron
a entonar "¡Échale huevos,
Valencia échale huevos!" al
ritmo de la sintonía de la popular
Guantanamera. Apoyo, pero desilusión
porque el equipo de Koeman bajaba la guardia.
El Barça, que se había mostrado
muy superior, quitó el pie del acelerador.
No
necesitaba más. ¿Para qué?
Era más que suficiente con el tuya-mía,
tuya-mía. Le bastaba ese control
al que tan acostumbrado está para
seguir mandando y, en el momento menos pensado,
meter de pronto un puntito más y
volver a poner en apuros un sistema defensivo
que iba a la deriva, que hacia agua por
todas partes, porque para desenvolverse
con el sistema que desea Koeman hace falta,
entre otras cualidades, velocidad en la
zaga.
Antes
del descanso en el Valencia Morientes, lesionado,
dejó su plaza a Vicente, con lo que
Arizmendi se situó en punta. En el
Barça, también un cambio.
Messi, del mismo modo aquejado de una lesión,
cedió su plaza a Giovani.
El
segundo tiempo sobraba. Entre el frío
y el espectáculo que estaba dando
el equipo de Koeman... Dio la impresión
de que los valencianistas sólo pensaban
en que se acabara el sufrimiento y que los
azulgrana daban por bueno el 0-2, aunque
Gudjohnsen no desaprovechó el pase
de Giovani para hacer el tercero. Era la
puntilla que sirvió para que parte
del público empezara a desfilar.
Lo que estaba viendo era patético.
Casi como una copia de lo ocurrido frente
al Madrid.
|