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El
Valencia, que volvió a sus orígenes
al recuperar la indumentaria totalmente blanca,
no fue el lamentable equipo que se vio ante el
Real Madrid. El joven técnico de Mestalla
se olvidó del rombo, tal vez al jugar a
domicilio, y diseñó un conjunto
más acorde a lo que desde hace años
viene siendo este equipo. Recuperó la pareja
de medios centro, con Albelda y Fernandes, y el
bloque estuvo más arropado. Enfrente, claro,
no estaban los de Schuster. Era un Mallorca con
ganas pero sin la lucidez necesaria como para
ponerse por delante en el marcador.
El
partido, sin embargo, no empezó bien. A
los dos minutos y medio se lesionó Alexis,
sustituto de Albiol, y el técnico valencianista
tuvo que dar entrada a Miguel, al que había
dejado en el banquillo a la espera de tiempos
mejores del irregular futbolista portugués.
La restructuración en la defensa hizo que
la pareja de centrales -Caneira y Helguera- resultara
inédita.
Y,
precisamente, de las botas de Miguel salió
el balón que Morientes, desapercibido desde
el inicio, convirtió en gol, con la inestimable
colaboración del meta suplente local, Lux,
sustituto ayer del sancionado Moyá, expulsado
en Riazor. La copia, mala, del Loco Gati se comió
el esférico para satisfacción valencianista,
ya en tiempo de prolongación del primer
periodo.
A
todo esto, el Valencia no había hecho nada.
Lo justito. Y con eso se fue al descanso con ventaja,
habiendo dispuesto además de un par de
lanzamientos a balón parado, desaprovechados,
y reclamando un penalti, ciertamente dudoso, de
Ibagaza a Silva. Pudo haber empujoncito del argentino
que el canario, en cuanto notó el contacto,
colaboró en la exageración.
Sin
alardes ni exquisiteces, el Valencia controlaba
las desordenadas acometidas locales, que originaron
como todo peligro disparos lejanos y faltos de
puntería de Güiza, Ibagaza y Valero.
Los de Mestalla no remataron a la portería
de Lux hasta pasada la media hora. Y lo hicieron
mal. Hildebrand se lució a disparo de Ibagaza
y lo único destacable después fue
el gol de Morientes.
El
Valencia, que comenzó a merced del rival,
empezó a tocar y tocar. Albelda, muy bien
plantado, volvió a rayar a un nivel alto
en su función, y Fernandes, aunque con
repetidas entregas al contrario, mejoró
pasadas actuaciones. Joaquín tardó
en entrar en liza, Morientes ni eso a pesar del
gol -es lo que tienen los grandes delanteros-,
y Silva tampoco es el de partidos atrás.
Pero
todas las miradas, desde la óptica valencianista,
estaban puestas en Vicente Rodríguez. En
ver su estado y cómo aguantaría
desde el inicio. Le falta mucho. Intentó
jugadas, regates, amagó, pero muchas de
sus acciones se quedaron en el intento. No es
todavía el jugador explosivo de antaño
y la sensación que transmite es que juega
con precauciones. Tiene que soltarse el factor
psicológico, el temor a recaer, algo que
se lo darán los partidos.
La
segunda mitad, un calco de la anterior. Hildebrand,
espectacular, parando a los locales, el Valencia
desaparecido, defendiéndose como gato panza
arriba y sin fuerzas para el contragolpe. Hasta
que apareció Silva, se fue, sirvió
y Morientes, que seguía inédito,
sentenció. Tocó dos balones e hizo
dos goles. Genial.
Mallorca:
Germán Lux, Héctor, Nunes, Ballesteros,
F. Navarro, Basinas (71'), Jonás (82'),
Borja, Ibagaza, Arango, Güiza, Ioned, Ramis,
Pereyra, Varela, Tuni, Víctor (82'), Castro
(71').
Valencia:
Hildebrand, Caneira, Helguera, Alexis (4'), Moretti,
Joaquín (84'), Albelda, Fernandes, Vicente
(73'), Silva,
Morientes,
Mora, Miguel (4'), Angulo (73'), Zigic, Sunny,
Mata, Arizmendi (84').
Goles:
0-1
(45'): Morientes tras un centro de Miguel que
no acierta a despejar Lux.
0-2
(62'): Morientes, de tiro cruzado a pase de Silva.
Árbitro:
Medina Cantalejo, del Colegio Andaluz. Amonestó
a Moretti (10'), Caneira (23'), Basinas (45'),
Fernandes (59'), Jonás (59'), Ballesteros
(74') y a Fernando Navarro (90').
Incidencias:
Ono Estadi. Alrededor de 20.000 espectadores.
Césped en buen estado.
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