| Seis
años llevaba el Rosenborg sin ganar en su
campo en competición europea. Hasta ayer,
día en que llegó el Valencia para
hacerle feliz. Los de Quique, crecidos con lo de
A Coruña, se pasearon y eso en la Champions
se paga. La cenicienta del grupo les dio un baño
en toda regla pese a su inferioridad, compensada
con amor propio, ganas y hasta buen fútbol.
El
triste espectáculo valencianista lleva
consigo un batacazo que puede tener graves consecuencias
deportivas y económicas en el futuro de
la competición. El Valencia es último
de su grupo y ahora mismo esta fuera de la siguiente
ronda. Lo de anoche roza el ridículo.
El
primer tiempo fue un suplicio, casi una pesadilla
para los escasos seguidores valencianistas -apenas
media docena que viajaron con el equipo y el puñado
de estudiantes residentes en Trondheim-, que quedaron
enmudecidos por los miles de aficionados locales
que no dejaron de empujar a los suyos. Y es que
el Valencia, que empezó bien, teniendo
el balón, apenas duró siete u ocho
minutos. Enseguida desapareció para correr
al son que le marcó el modesto Rosenborg.
Los
noruegos le echaron arrestos. Conscientes de que
una derrota les dejaba prácticamente sin
opción alguna de soñar con el pase
a la siguiente fase, su técnico varió
el habitual 4-1-4-1 que viene utilizando para
meter dos puntas claras, Iversen y Koné,
ayudados siempre desde atrás por Traoré
desde la otra banda y, por el centro, Skjelbred
y un Tettey móvil y dinámico.
El
Valencia era el mismo de Riazor, con el único
cambio de Marchena en el lugar de Baraja. Y se
acusó en exceso. Sin brújula en
la medular, porque Silva andaba más adelantado,
metido como segundo punta, el equipo no funcionó
nunca. No mantuvo el balón, corrió
tras él y la fortuna que hubo fue que los
locales, entusiastas pero flojitos, nunca encontraron
un halo de lucidez.
Cañizares,
sin trabajo serio, se desgañitaba pidiendo
a sus compañeros que salieran hacia adelante.
Cuando lo intentaban, el Rosenborg a base de pelotazos
obligaba a recular de nuevo. Así transcurrió
el tiempo hasta el descanso, al que se llegó
sin goles principalmente por la candidez de los
dos puntas del equipo noruego.
Por
los de Mestalla, nada. El trabajo atrás,
con Helguera y Albiol brillantes y algunas pinceladas
de Silva, infructuosas porque no tuvo acompañamiento.
Con el centro del campo perdido Joaquín
no existió y Gavilán, menos. Así
era imposible.
El
inicio del segundo periodo hizo concebir esperanzas
de ver algo más, tras una buena pared entre
Silva y Joaquín, con remate del andaluz
y paradón del portero desviando a córner.
Pero de ahí, casi de inmediato, se pasó
al 1-0 ante el delirio de una grada que no daba
crédito y que siete minutos más
tarde enloqueció con el segundo tanto.
Sapara
y Dorsin hicieron estragos por la banda izquierda.
Ni Joaquín, ni Albelda en la ayuda, ni
Miguel supieron cerrarla. Koné, primero,
y Riseth, después, hicieron los goles,
que llegaron por falta de atención de defensas
y portero. El segundo clama al cielo. Pasividad
en unos y falta de decisión para salir
en un Cañizares que sigue sin estar. No
es él. Faltó aplaudir al rival.
Quique
metió en liza a Baraja, Zigic y Angulo.
Todo igual. Nada de nada salvo la impotencia de
un Valencia que pensó que bastaba con lucir
la camiseta. Peligra la Champions.
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Rosenborg:
Hirschfeld, Strand (86'), Kvarme, Riseth,
Dorsin, Skjelbred, Tettey, Sapara, Traoré,
Koné (79'), Iversen, Lund Hansen,
Koppinen, Stoor (86'), Lago, Storflor (79'),
Basma, Nordvik.
Valencia:
Cañizares, Miguel (77'), Albiol,
Helguera, Moretti, Joaquín, Marchena
(66'), Albelda, Gavilán (66'), Silva,
Morientes, Hildebrand, Caneira, Zigic (66'),
Arizmendi, Baraja (66'), Angulo (77'), Alexis.
Goles:
1-0
(53'): Koné, de tiro dentro del área.
2-0
(60'): Riseth, de cabeza tras un rechace.
Árbitro:
Craig Thomson, de Escocia. Amonestó
a Traoré (33'), Strand (50') y Tettey
(71').
Incidencias:
Lenkerdal Stadion. Terreno de juego en perfectas
condiciones. La temperatura rondó
los 5º y el Valencia estuvo apoyado
en la grada por cerca de medio centenar
de seguidores blanquinegros que no pudieron
disfrutar con una victoria.
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